
Motos españolas: qué significan los nombres de Bultaco, Montesa, OSSA, Derbi...
Honda, Suzuki, Guzzi o Ducati son apellidos. Triumph o Indian sonaban bien. ¿Bultaco, Derbi o Rieju? ¿Qué significan?
¿Alguna vez has pensado cómo llamarías a tu propia marca de motos? Hay muchos sistemas para bautizarlas.
A veces —lo más común hoy día— hay que buscar palabras que no signifiquen nada y que suenen bien en casi todos los idiomas.
Es lo que han hecho Voge o Zontes, por ejemplo. Otras veces no se rompieron la cabeza y colocaron el apellido del creador. Piaggio, por ejemplo, o Harley-Davidson, con los apellidos de los dos socios fundadores.

Otros sistemas consisten en buscar una asociación de ideas. Como Triumph, que suena a triunfo claramente; BMW, las iniciales de algo tan básico como Bayerische Motoren Werke (“fábricas de motores de Baviera”).
O incluso leyendas rebuscadas. Lambretta, una especie de hada que vive en el río Lambro, que pasa por Milán. Es cerca de la fábrica donde se hacía el famoso scooter.
En España, como seguramente sabrás, hemos tenido infinidad de marcas de motos.
Más de 200 se han contabilizado a lo largo de nuestra historia. Algunas son tan poco conocidas como AMS (que significaba Ángel Muñiz Serrano) y otras tan internacionales como Bultaco o Montesa.
Cada una de ellas tuvo su nombre. Aquí te contamos la historia de algunos de los más importantes.
Bultaco, Montesa, OSSA y Sanglas: el origen de los nombres míticos
El caso de Bultaco es uno de los más conocidos, pero también uno de los más curiosos. Su fundador, Paco Bultó, ya utilizaba “Bultaco” mucho antes de crear la marca.
Era su dirección telegráfica, un juego con su apellido y su nombre de pila: Bultó + Paco. Ahí le informaban de los resultados de las carreras que su marca anterior, Montesa, conseguía.

Cuando decidió montar su propia fábrica de motos, no dudaron en aprovechar esa palabra, sonora y potente. Además, asociada al famoso logo del dedo alzado que simbolizaba el gesto del piloto al pasar por el muro diciendo que todo iba bien.
Montesa y la orden militar
Como muchos sabréis, Don Paco no fue solo fundador de Bulaco. Unos años antes fue uno de los dos socios fundadores de nuestra otra gran marca: Montesa.t
En este caso no se trataba de un apellido ni de una ocurrencia moderna. Se eligió este nombre por la antigua Orden de Montesa, una orden militar y religiosa de origen medieval.

La elección no fue casual: quería transmitir nobleza, tradición y fuerza histórica y esa imagen de "noble caballero" montado.
La tipografía del logotipo refuerza esa idea. La famosa “M” gótica de Montesa conecta con ese pasado caballeresco. Le otorga al conjunto un aire solemne y distinguido que acompañó a la marca durante muchos años.
OSSA, de los proyectores a las motos
OSSA puede sonar contundente, pero en realidad es un acrónimo. Nació de Orpheo Sincronic, S. A., una empresa barcelonesa especializada en proyectores de cine.
La compañía decidió diversificar su actividad y acabó creando motos, aunque el nombre original, pensado para otro negocio, se mantuvo.

Por cierto; hay quien dice que el famoso trébol de cuatro hojas que les sirvió de logotipo tampoco es lo que parece. Representa, precisamente, el mecanismo que sincroniza las imágenes en un proyector de cine.
En cualquier caso, OSSA se convirtió en un nombre sólido, fácilmente reconocible. Con el tiempo pasó a estar ligado más a las motos que a los proyectores de cine que lo originaron.
Sanglas, un apellido con peso
La marca Sanglas no necesitó inventar nada: tomó directamente el apellido de sus fundadores, los hermanos Martín y Javier Sanglas.

En su caso, la sencillez fue un acierto. Eran ingenieros, tenían un taller de construcciones metálicas y ya hacían, antes de esas motos, motores estacionarios en su empresa, "Talleres Sanglas"
La palabra “Sanglas” resultaba breve, sonora y con personalidad. Se convirtió pronto en sinónimo de motos robustas, pensadas para un mercado -el de los organismos oficiales, básicamente- que necesitaba grandes monocilíndricas 4T de carretera.
De Derbi y Rieju a Lube: cómo nacieron las grandes marcas españolas de motos
Derbi también tiene una explicación muy clara: son las siglas de DERivados de BIcicletas. Y es que Simeón Rabasa comenzó fabricando bicis antes de lanzarse a las motos.

Su empresa realmente se llama Rabasa, como él, y después pasó a ser Nacional Motor S.A. Quedó el nombre Derbi que, además, suena a carreras, a deporte y a competición, solo como nombre comercial de sus motos.
Rieju, el ingenio del acrónimo
Algo parecido ocurre con Rieju, un nombre que nació como acrónimo de los apellidos de sus fundadores: Riera y Juanola.
Lo que en un principio podía parecer un simple juego de letras acabó siendo una de las marcas con más continuidad de la moto española.

A los pocos años el Sr. Juanola (que no tenía anda que ver con el de las pastillas de regaliz también famosas) dejó la empresa y la familia Riera quedaron como únicos propietarios, cosa que siguen siendo.
Lube, el sueño de Bejarano
En Bilbao, Luis Bejarano fue ingeniero con experiencia en motos. Trabajó, por ejemplo, en la inglesa Douglas. Y decidió dar vida a su propia marca y la bautizó como Lube, acrónimo de su nombre y apellido.

Un ejemplo clásico de cómo poner la firma personal a un proyecto industrial.
Durante años, Lube estuvo muy presente en España. Durante los 50 llegó a ser la primera de las marcas nacionales y su nombre quedó grabado en la memoria de varias generaciones de motoristas.

GasGas y Macbor: las marcas españolas más recientes y su significado
El caso de GasGas es diferente. Era el nombre del concesionario Bultaco de Casas y Pibernat, también famosos pilotos de la marca.

Cuando Bultaco cerró empezaron a importar SWM, con la mala suerte de que los italianos duraron pocos años más. Entonces se le ocurrió fabricar su propia moto de trail, con ayuda del genio Paxau, técnico responsable de las primeras GasGas.
Aquella tienda se llamaba así por la expresión popular que todos empleamos cuando animamos a abrir el acelerador. El nombre para la marca ya estaba ahí, cargado de energía y espíritu off-road, y se convirtió en uno de los símbolos más internacionales del trial y el enduro españoles.

Macbor, una nueva generación
Entre las marcas actuales merece mención Macbor, creada por la familia Bordoy. El nombre nace precisamente de ese origen: MAC (hijo de, en escocés) + BOR (Bordoy). Una forma moderna de mantener presente el apellido familiar, como hicieron en el pasado Sanglas o Ducati.
La marca nació en los años 90. Se dedicó entonces a motos infantiles, desde las gamas más básicas a verdaderas crosseras de competición para jóvenes. Desapareció hace unos años para reaparecer después como marca genérica, con la gama actual.

Hoy Macbor es un ejemplo de cómo una marca española puede competir en el mercado actual con una gama que va desde las 125 urbanas hasta las trail de media cilindrada.
Soriano, Gimson, Ducson o Avello: otras historias de nombres con mucha tradición
Además de las grandes marcas, en España surgieron decenas de nombres con su propia explicación.
Soriano, por ejemplo, llevó directamente el apellido de su fundador, Ricardo Soriano. Fue una de las primeras en fabricar motocicletas en nuestro país y su nombre es recordado como pionero absoluto.
En Gimson encontramos otro acrónimo: viene de Gimbernat and Sons, es decir, “Hijos de Gimbernat”. Esta familia de Figueres levantó una marca muy popular en ciclomotores, con un nombre que dejaba clara su raíz familiar.

Ducson, gran rival de las anteriores y de Derbi nace por obra de Vicente Solá. Era cuñado y socio de Rabasa cuando empezaron, allá por los años 20 y separaron sus caminos, siguiendo ambos en el negocio de las bicis.
En los años 50 deciden empezar a hacer ciclomotores. Y los harían bien. ¿Y el nombre?
Ducson sonaba bien. Y, además, a extranjero, en un país y un momento donde eso de ser extranjero era muy positivo.
La marca Clúa toma su nombre del apellido de su creador, Joan Clúa, que fabricó microcoches y motocicletas en Barcelona. Cofersa, una de sus grandes rivales, en este caso madrileña, tomaba su nombre también de la familia, pero transformado: Construcciones Ferrusola, SA.

Ferrusola, por cierto, era el apellido de la mujer del fundador, José Mercader.
En Asturias, el apellido de la familia Avello quedó ligado primero a la producción bajo licencia de MV Agusta.,Después a Puch y finalmente a Suzuki. Y solo se empleó como marca en aquellos primeros años.
Las primeras motos que construyen, bajo licencia de MV Agusta si llevarán el curioso nombre de MV Avello
Motobic nació en Bilbao y buscaba un nombre moderno, con resonancias internacionales, para sus ciclomotores.

La palabra unía “moto” y “bicicleta”, clara referencia a su origen en el mundo del pedal y a su vocación ligera.
Y por poner un último nombre, otra de aquellas motos utilitarias de los años 50, de motor Hispano Villiers: Roa.
Fabricó varios miles de unidades antes de pasarse a los motocarros y del intento de hacer una furgoneta.
Su nombre eran las iniciales del nombre de su fundador: Rafael Onieva Ariza.

El valor de un nombre
Detrás de cada una de estas marcas españolas hay mucho más que una simple palabra. Como has visto hay apellidos, acrónimos, órdenes militares, expresiones populares o incluso direcciones telegráficas.
Todas ellas reflejan su época y una manera de entender la moto.
Y lo más curioso es que muchos de esos nombres, surgidos casi por azar, siguen hoy cargados de fuerza y de identidad.
Porque, al final, una moto puede evolucionar, cambiar de estilo o de tecnología… pero el nombre, cuando está bien elegido, queda para siempre. Pregúntaselo a Bultaco

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